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CUANDO MUERE EL AMOR

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Cuando muere el  amor,  no es el olvido lo peor .  Ni   una  cama  separada, ni  esa  lágrima cruel y desgarrada que acrecienta el dolor de lo perdido. Cuando muere el amor,  no es lo vivido de  ese  tiempo fundido  entre la nada, ni el recuerdo incrustado  cual espada, lo peor de ese extraño recorrido. Cuando muere el amor y tú te alejas, no es esa soledad con que me hieres el martirio que me ahoga  día a día. Lo peor  del amor, cuando me dejas, es oírte decir   que no me quieres sabiendo  que  aún me quieres  todavía. Jesús Angel Bordonaba

SONETO BUCÓLICO O PASTORIL

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Frondoso bosque de verdor henchido que el fino arroyo entre sus aguas baña. Lúdica flauta pastoril que empaña el verde prado del jardín florido. Febriles notas,  que  un pastor sumido en   amores ,  seduce a   la montaña, y  perfila  al solaz   de  una  cabaña en  cuyo  lecho   pernoctó Cupido. Pacen  merinas de  hondos  pastizales balando junto a campesinas  flores de suave tacto y peculiar perfume. Resuenan   himnos  junto a los trigales dorados.  Se deleitan  los  pastores en  grato canto que su amor consume. Jesús Angel Bordonaba

LA MUERTE Y YO

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Ayer vino la muerte a visitarme. Fue un encuentro fugaz.  De cortesía. Me pilló de sorpresa .  Yo  creía que  la Parca querría  a mí  llevarme. Pero  no.  Sólo quiso  saludarme      y decir  que pasase  un feliz día. Que no me preocupase.  Tiempo habría, pasados unos años, de  buscarme. Tomamos un café, también charlamos de lo Humano y lo Divino de la vida. Del amor… la esperanza… de la suerte… Para otra cita no,  ya no quedamos. Nos dimos dos besos de despedida ya hasta  el mismo momento de mi muerte. Jesús Angel Bordonaba.

EL PARQUE DEL AYER

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Hoy he visitado el parque. El parque estaba en silencio y  la fuente salpicaba versos mojados al viento. Hojas ocres dormitaban a los pies de los abetos y el perfume de las rosas avivaba  mis  recuerdos. Fue aquella tarde plagada de sonrisas y escarceos cuando posé  en  tu mejilla la caricia de mis besos…. Cuántas noches  de verano, en ese parque desierto, abrazados por   la luna, te declamaba mis versos. Jesús Angel Bordonaba

EL CANTAR DE LOS POETAS

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Renegad del inframundo y unid vuestra voz…¡poetas! Dejad de cantar al cielo abigarrado  de estrellas, olvidaos de  la luna, de  los Cantares de Gesta, de  esos versos trasnochados que supuran primaveras. Recelad  de los laureles que adornan vuestras quimeras. Gritad contra la injusticia que adolece las conciencias y abotarga corazones de unos  niños sin escuela, de mujeres  maltratadas, de injusticias de  una guerra que justifica  matanzas en favor de una bandera. Arrimad los  corazones y alzad  vuestra voz…¡poetas!.. y que vuestro grito brille más allá de las estrellas.   Jesus angel bordonaba

ESTE SOY YO… O NO…

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Un viejo soñador.  Un sueño roto. El renglón de una absurda poesía. Velero  que encalló en la lejanía de un pérfido burdel sucio  y remoto. Un loco.  El blanco y negro de una foto. Un mester,  trovador de Clerecía. El yerno que cualquier madre querría, piadoso, santurrón, noble y devoto. La nota que embalsama el pentagrama de una bella y radiante partitura. El eco de una historia inacabada. La lágrima que frágil se derrama junto al  filo de un alma noble y pura. El Principio, el Final.  El Todo y Nada. Jesús Angel Bordonaba

DON QUIJOTE Y DULCINEA

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En un lugar de nuestra historia, Aldonza, revestida de enaguas y jubones, pertrechada  en idílicas jofainas de alabastro, cerámicas  y  cobre, perdura  tiernamente  en el cortejo del  caballero andante cuyo nombre grabado en oro auspicia Valdepeñas, El Toboso y La Mancha  con Belmonte, Almagro, La Solana, Tomelloso, Socuéllamos, Daimiel y alrededores. Don Alonso Quijano es el amado, un barbero nublado, loco y pobre. Con su vecina La Ancha, Dulcinea vadea  ríos, cruza el  Sur y  el Norte, secarrales, estepas y trigales, monasterios, iglesias,  ríos y ocres altozanos preñados de atalayas donde pétreas y enrevesadas torres aglutinan mesnadas de guerreros que divisan el diáfano horizonte. Amar sin padecer no puede ser, recita la espesura de la noche. A las puertas de un colosal molino cuyas aspas al cielo el miedo imponen se abrazan Don Quijote y Dulcinea, castellanos los dos. ...